Sobre esperanza y agujeros negros

Recién acabo de leer en la prensa un artículo bastante interesante. Resulta que a 26 000 años luz, en el corazón de la Vía Láctea tiene su residencia personal Sagitario A*. Se trata de un agujero negro que ha cobrado una fama particular en estos últimos tiempos ya que se encuentra solo a unos pocos meses de devorar a una nube de gas caliente, lo cual hará que este se ilumine durante el impacto, permitiendo que sean observadas muchas de las partes desconocidas de su interior, liberando inmensos destellos de rayos X que podrían mantenerse por años. Aunque también cabe la posibilidad de que en el centro de la nube se encuentre una estrella antigua, lo cual podría hacer que las vistas fuesen algo menos espectaculares creando un anticlímax.
De igual manera me ha llamado la atención una parte concreta y cito: “La gravedad en un agujero negro es tan fuerte que ni siquiera la luz puede escapar. Incluso si una estrella brillante está al lado del agujero negro, este no se verá. En vez de reflejar la luz como los demás objetos, estos se la tragan para siempre, al igual que sucede con toda materia que se acerque demasiado”.

Por el artículo también pude saber que existen dos tipos de agujeros negros, del primero se desconoce todo sobre su formación y recibe el nombre de agujero negro súper-masivo. El otro en cambio es llamado agujero negro de masa estelar o súper nova y tiene origen en el momento en que una gran estrella consume todo su combustible hasta que explota.

Hasta este punto solo han leído información que los amantes del tema o los cibernautas casuales pueden haber obtenido hace un tiempo ya, aunque lo que realmente me atrapó de este texto fue la metáfora que fui recreando con cada palabra que leía. No cabe dudas. La naturaleza es sabia (de todas las frases cursis esta es una de las más reales).

Demuestra este fenómeno real que una estrella puede brillar tanto, puede tener tanta luz para dar, así como un día puede simplemente apagarse por no encontrar un motivo para seguir alumbrando. Incluso puede sufrir tanto por ya no ser lo que era que puede llegar a explotar, convirtiéndose exactamente en lo contrario a lo que un día fue.

Da por hecho que hay momentos en los que todo se vuelve tan oscuro y egoísta que hasta el universo es incapaz de tolerar y aplaudir que otros tengan luz propia, haciendo lo posible por absolverla para destruirla.

Podemos notar que a veces tanta oscuridad no puede ser curada incluso ni con luz, o que al menos cuando esta se le intenta aplicar, el resultado se torna un poco impredecible, puede ser bueno, pero puede que no. Aunque me ha complacido saber que hasta un agujero negro enorme como lo es Sagitario A* tiene la posibilidad de chocar con su propia nube de gas caliente, y modificarse para bien, resplandecer, brillar y dejar conocer sus misterios.

Quiero creer que cada agujero negro merece su propia nube de gas caliente. Estoy convencido de que conozco y he conocido a muchos agujeros negros y a muchas estrellas resplandecientes.

Hoy quiero intentar transmitir esperanza. Aquí voy a ver que tal me sale: Nunca todo es tan oscuro al punto de no poder alumbrarse más, solo hay que saber ser pacientes, y esperar a que una nube de gas caliente se cruce en nuestra trayectoria.

PD1: El artículo fue escrito en el periódico Juventud Rebelde de Cuba por Patricia Cáceres (no logro recordar la fecha).

PD2: Esta entrada la escribí en febrero de 2014 para mi anterior blog.

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